Siempre me fascino la habilidad que mi abuela Luisa tenia con el abanico, se movía en sus manos con soltura como la baraja de cartas en las manos de un mago. Durante varios meses al año la acompañaba allá a donde fuera.
Durante muchos años los abanicos fueron mucho más que una practica herramienta para luchar contra el calor, existía un lenguaje complejo basado en sus movimientos y utilización. Rebuscando por Internet he encontrado en el País de las curiosidades este interesante articulo que nos ilustra sobre el tema.

